- ¡No hablarás en serio!
Esa fue la primera frase que oyó Isaniel de boca de su hermana esa mañana. Se quedó en la puerta de la torre de costura, mirando adentro. La institutriz estaba en su rincón, sin hacer caso, con su sobrina al lado. Laryel se inclinaba sobre su asiento, abandonado su bordado en el regazo, mirando a Aidé a los ojos muy fijamente. Ésta y otras doncellas estaban allí bordando dibujos, haciendo encajes o arreglando prendas.
Aidé asintió efusivamente.
- Como os lo digo, mi señora, tal cual lo cuento. El primo de mi cuñada trabaja en palacio, y allí lo vio con sus propios ojos.
- ¿A quién? – Quiso saber Isaniel.
Todas se volvieron hacia ella.
- ¿No os habéis enterado, mi señora? – Preguntó Aidé.
Ella la miró. Claro que no. Sólo oía los chismes y rumores de ella, en aquella sala. Había estado un rato en la biblioteca, así que había llegado tarde y no había podido escuchar el principio del relato.
- Aidé, por favor. – Dijo con mucha suavidad. - ¿Podrías contarme esto que le decías a mi hermana?
- Por supuesto, mi señora. Pero tomad asiento, ¡podríais caeros del espanto!
Isaniel lo dudaba. Creía sólo a medias en los chismorreos de la doncella, pero aún así sonrió y se sentó junto a la ventana, siempre junto a la ventana, para poder ver los campos y el cielo. A veces se inspiraba así.
Tomó el bordado de la mañana anterior. Había conseguido que aquello pareciera más o menos un pájaro.
- ¿Y bien? –Dijo tras unos segundos de silencio, alzando la mirada hacia Aidé, que esperaba una confirmación.
- ¡Veréis! Resulta que…
- ¡Yo te lo contaré, hermana! – Interrumpió Laryel.
Aidé se encogió, pero no replicó. Isaniel miró a la rubia y sonrió.
- Claro. ¿Qué ha ocurrido?
- Querida Isaniel, ¡el temible Guerrero de las Tierras Lejanas, el Pagano Inmortal…ha tenido una entrevista con nuestro rey!
La muchacha abrió mucho los ojos un momento.
- ¿El rey accedió? – Preguntó.
- Sí, sí. Verás, la señora de Prayn y sus dos hijas llegaron al palacio y explicaron todo lo sucedido, y las exigencias del Pagano. El príncipe Kaylon accedió a ir a verlo.
Isaniel se tocó los labios. Conocía al príncipe; era un joven caballeroso y amable que amaba a sus padres, a su hermana y a su pueblo. Sería un gran rey. A no ser que…
- ¿Qué sucedió? – Preguntó con ansiedad, preocupada.
Laryel sonrió.
- Pobre Isaniel, ¿asustada?
- No seas cruel conmigo, hermana.
La otra rió, cubriéndose delicadamente con una mano.
- El príncipe Kaylon fue allí con una pequeña guardia. – Siguió, ignorando la angustia de Isaniel. – El Pagano los recibió como si fueran, no sé, simples plebeyos, inferiores. ¡Qué descaro!
La joven se tocó suavemente un mechón de pelo, armada de paciencia. Sabía que a su hermana le gustaba torturarla a veces, pero no era por malicia.
- ¿Y después?
- Bueno, después dijo lo que exigía. – Siguió Laryel, orgullosa de la atención que se le prestaba. – Ya sabes, ser el señor de aquel territorio, tener vasallos, tierras, esclavos, bla, bla, bla. ¡Lo mejor viene ahora! Prepárate, Isaniel, porque vas a descubrir que tu príncipe azul no es tan valiente como creías.
La rubia no dijo nada.
- Resulta que el Pagano amenazó a Kaylon. Dijo que arrasaría con todo lo que estuviera en su camino hasta llegar al palacio, y que lo convertiría en ruinas y mataría a toda su familia. ¡Y el príncipe se orinó encima!
- ¡Eso no es lo que yo he dicho! – Se quejó Aidé sin poderlo evitar.
Laryel le lanzó una mirada afilada como el filo de un puñal.
- Yo…yo he oído que se echó a temblar. – Musitó la doncella, agachando la mirada.
- Bueno. Eso. – Dijo la otra con un gesto de desdén con la cabeza. – Que se echó a temblar.
<No es lo mismo.> Pensó Isaniel, pero no dijo nada.
- ¿Entonces accedió a darle lo que pedía? – Preguntó con suavidad.
- ¿Qué? Oh, sí, claro. Bueno, en realidad lo invitó a ir a palacio para hablarlo con el rey. Sólo el monarca puede dar títulos y territorios, ¿sabes? Así que el príncipe accedió a acompañarlo, ya sabes. En mi opinión, fue un cobarde.
Aidé rodó la mirada y siguió obstinadamente su bordado. Isaniel sabía que Laryel estaba tergiversando toda la historia que la doncella había contado, así que suspiró y se limitó a escuchar a medias el resto de palabrería sin sentido de su hermana.
Después de la comida con su familia, Isaniel se excusó y fue a buscar a Aidé. La encontró, como solía, junto a la puerta trasera de las cocinas, hablando con un pinche. Los observó coquetear durante un minuto.
Ella era una noble. Jamás podría juguetear de aquel modo con un hombre, no era decoroso. Pero los plebeyos lo tenían más fácil. A pesar de las penalidades de sus vidas pobres, todo parecía más fácil.
- Aidé. – La llamó al fin.
Ambos dieron un brinco y la miraron. El pinche musitó una disculpa y se retiró corriendo a su trabajo. Debía tener miedo de que lo pillaran escapándose de su tarea. Aidé, no obstante, ya sabía que Isaniel no diría nada al respecto, así que sonrió.
- Buenas tardes, mi señora. – Saludó. - ¿Precisáis de mis servicios?
- Algo parecido. Quisiera que acabaras de contarme lo del príncipe Kaylon y el Pagano.
La doncella dio un respingo y la miró, con las cejas alzadas. Luego movió la cabeza, mirando a otro lado. Parecía un poco molesta, y con razón: Laryel le había robado y cambiado la historia.
- Pero vuestra hermana ya os la contó. – Repuso.
- Laryel es tan fantasiosa que a veces cambia detalles importantes. En cambio, tú eres fiel a lo que escuchas.
Aunque todos sean rumores, pensó, pero no lo dijo. Aidé se ruborizó un poco y sonrió a su pesar.
- Bueno, puedo explicaros lo que mi primo me contó.
Isaniel cerró los ojos un instante.
- ¿Tu primo?
- Sí, mi señora. Veréis, mi primo Eidwar trabaja en palacio, y les oyó comentar cosas a los soldados cuando pasó junto a las barracas.
- ¿Y qué fue lo que escuchó?
- Pues escuchó que, en efecto, el príncipe fue a ver al Pagano, a escuchar sus demandas. Por supuesto, como todos los brutos que hay más allá del Talederil, la petición fue seguida de una amenaza, y cuentan que sus ojos brillaban con tal determinación y locura que incluso el príncipe sufrió un escalofrío al verlo.
Desde luego, no era lo mismo un temblor que lo que Laryel había dicho. Eso era insultante para un joven valeroso como el príncipe Kaylon.
- Al parecer aceptó llevarlo frente al rey. – Siguió Aidé. – Pero, claro, realmente nadie querría que el Pagano fuera un noble, así que…Casi en la ciudad esperaba toda una guarnición que tendió una emboscada.
- ¿Lo derrotaron?
Aidé sacudió la cabeza en negación.
- Parece que no importa cuánto lo hirieran, seguía matando hombres. Así que el príncipe finalmente pidió el alto y se arrodilló frente al Pagano.
Isaniel sintió que su corazón se desbocaba, sufriendo por el destino de su príncipe.
- ¿Y? – Pidió, insistente.
- Le rogó por la vida de sus hombres, y dio la suya a cambio.
- ¿Y…?
- Bueno, dicen los soldados que…el Guerrero de las Tierras Lejanas se echó a reír.
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