Microrelato
Corazón Roto


Oigo tu voz que me llama. Es la voz de un ángel, de un dios.
De mi dios.
Es una voz tierna, amable, ligeramente culpable, ligeramente egoísta...Y ligeramente desesperada.
Es la voz del hombre al que amo.
Dejo que me llames. Es mi pequeña venganza, mi pequeña resistencia, el poco orgullo que queda en mi alma.
Vagas por el bosque mientras me buscas, sigues pronunciando mi nombre con tus apetecibles labios.
Sé que no debería responder.
Sé que debería dejar que pasaras de largo.
Tendría que apartarme de tu camino y no volver a verte jamás.
Pero no puedo.
Mi corazón late únicamente por ti. ¿Qué sería de mí sin tu presencia, sin tu aliento, tu mirada, tu tímida y torpe sonrisa?
Nada.
Aunque me rompa por dentro cada vez que la nombras a ella, necesito seguir a tu lado.
Siempre seré un segundo plato.
Siempre seré “la otra”.
Siempre seré a quien recurres cuando no puedes decirle a ella que la amas.
Siento que los ojos me arden, y a duras penas puedo contener las lágrimas.
Lágrimas de frustración, lágrimas de odio, lágrimas de anhelo.
Las lágrimas de un corazón roto que cada día se quiebra un poco más.
No importa.
Rómpelo tanto como puedas, porque es tuyo. Mientras sigas haciéndolo al menos sabré que existo en tu vida, y eso siempre será mejor que nada.
Nada...Eso es en lo que me convierto cuando no estás conmigo, cuando no me llamas, cuando no me buscas, cuando no me necesitas.
Bajo del árbol y corro a tu encuentro, al encuentro del hombre al que amo, el que ama a otra persona, el que todos los días rompe mi corazón sin querer.

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