Relatos Cortos
Nadie


Lo veo llegar por el otro lado del pasillo. Mi corazón se desboca, me golpea el pecho dolorosamente. Doy la vuelta e intento huir de él, pero es tarde: me ha visto.
      -   ¡Eh, tú!
Su voz chirría en mis oídos.
Tengo miedo, tengo miedo…
Llega hasta mí. Me golpea con violencia en la espalda, en una burda parodia de palmada amistosa. Su expresión es cruel cuando, casi sin aliento, lo miro.
Es bajito, más que yo, y también más joven. ¿Por qué es tan malvado? ¿Por qué disfruta torturándome?
      -   ¿Qué pasa, es que no sabes saludar? – Se queja, hablando muy alto para que todos lo oigan.
Aprieto la carpeta contra mi pecho y musito que me deje en paz, pero si me oye…decide ignorarme. Siempre me ignora. Le gusta hacerme daño. Le gusta humillarme.
      -   ¡Que si no sabes saludar, gilipollas!
Lanza un puñetazo…Golpea la carpeta. Lo noto contra mis costillas. Retrocedo hasta la pared con un jadeo.
Tengo miedo…Quiero escapar, necesito escapar, desaparecer…
Desaparecer.
Todos alrededor lo ven, todos alrededor miran, ¿por qué no hacen nada?
Él vuelve a golpear.
      -   Más te vale no apartar la carpeta, o te voy a hacer daño. – Dice, burlón, y lo hace de nuevo.
Pero ya me está haciendo daño, ¿es que nadie se da cuenta?
¿Nadie…va a ayudarme?
Los ojos se me llenan de lágrimas de terror, de impotencia, de dolor. Él sigue golpeando la carpeta, esos golpes rebotan contra mi pecho. Los demás miran, pasan de largo, algunos se ríen. A nuestro alrededor se forma un corro.
Ellos observan. Se alegran de no ser las víctimas. Que otro cargue. Que otro sufra.
Socorro…
Nadie me socorrerá. Él seguirá golpeándome, seguirá torturándome, humillándome, aterrorizándome…Y jamás nadie vendrá en mi ayuda.
Estoy sola.
Nadie…va…a ayudarme.

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